Acabo de descubrirlo en uno de esos viajes que hago al azar, sin rumbo. Me lo encontré en el camino y se me puso la piel de gallina. Es un retazo, una pequeña historia, de una niña, de una chica, valiente, con enormes ganas de vivir, que ha nacido sin nada y lo tiene todo. La ilusión marca su discurrir cotidiano. Se llama Jessica y se ha marcado un reto: vivir.
Así comienza el artículo de El blog de gozo internacional:
De nuevo la vida me honra acercándome a una de esa personas que engrandecen el mundo y a muchos de nosotros nos achican: ella es Jessica. Una muchachita hermosa, de apenas 18 años de edad, pero toda una historia de sobreponerse a lo adverso.
Desde el vientre, ella se vió en riesgo de no “lograrse”… y su madre, mujer no menos guerrera, la debió proteger pasando 6 meses recostada. Aun así, y pese a todo, Jessica nació muerta.
Técnicas de resucitación por varios minutos lograron recuperarla, pero los efectos ya se habían aferrado a su cuerpo: la falta de oxigeno a su cerebro había causado daños irreversibles e irreparables. El mal uso de forceps también le causó lesión neuronal.
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