La encuesta se ha realizado en Holanda, pero opino que se podría extrapolar a la mayoría de los países europeos y también, por que no, a unos cuantos de otros continentes. Existe una gran dependencia del móvil. Los ciudadanos, cada vez más, estamos atados a él. Ya forma parte de nuestro cuerpo. Es un órgano más. Para algunos tan importante como el corazón, el hígado o la niña de sus ojos. ¡Sorprendente!
Hay personas que son capaces de utilizarlo en el baño, el 33%. ¡Gracias a que no da calambres! Ya no es el primero que se cae por el retrete, llevado por las turbias aguas. ¡Qué asco! Y algunos lo recuperan…
Lo más sorprendente es que ya supera, en muchos casos, al teléfono fijo. Más del cincuenta por ciento hace llamadas desde su casa. Los hay que duermen con él, bueno al lado de su cama, en la mesilla de noche.
¿Y lo del sexo, qué es lo del sexo? ¿Qué tiene que ver el móvil con el sexo? Pues que hay unos cuantos que, cuando están ocupados en el asunto, en el coito vamos, son capaces de contestar como si tal cosa a la llamada que reciben. Alterados o no, pulsan el botoncito y contestan ¿digan? (no sé como se dice en holandés). ¡Alucinante! Ya me estoy imaginando a algún avispado empresario fabricando y poniendo a la venta el móvil sexual, con anticonceptivo incorporado. ¿Se imaginan lo que pensaría Ogino del nuevo invento?
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