Los niños nos sorprenden en ocasiones con interrogatorios cargados de inteligencia infantil, inteligencia que muchos mayores no son capaces de utilizar. Ayer estuvieron en mi casa dos hijos de una de mis sobrinas. Un chaval, Juan, de siete años y una niña, Isabel, de tres años. Cuando llegué al mediodía a comer, mi mujer me habló de lo bien que se habían portado y de las cosas que le había contado Juan, de su madurez infantil, propia de un niño de mayor edad.
Dijo Juan a media mañana: “Me gustaría controlar la máquina del tiempo”. Mi mujer quedó sorprendida con la frasecita, yo aluciné cuando me lo contó en la mesa. “¿Para qué quieres controlar el tiempo?”, preguntó su tía - abuela. “Para atrasarlo y así no tener que ir mañana al cole”.
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