Recuerdo que, cuando éramos más jóvenes, y entrábamos, por ejemplo, en un autobús y un aroma impenetrable de sudor impregnaba el aire decíamos al unísono: aquí huele a compañerismo.
En un avión de British Airways un ciudadano fue obligado a abandonar el aparato por oler mal. El afectado pidió una indemnización que, la audiencia de Düsseldorf, desestimó porque el individuo no se presentó en la causa alegando que había quedado atrapado en un atasco. Llamó por teléfono para explicar la situación. El juez consideró insuficiente la disculpa y cerró el caso.
En Hawai, cuando el sujeto de marras se sentó, la vecina de asiento protestó por el mal olor que despedía. Ante la imposibilidad de asearse tuvo que abandonar el avión. La compañía aplicó, al parecer por primera vez en su historia, una disposición que impide volar a los malolientes. ¿Qué harán si alguien expulsa un gas en pleno vuelo? ¿Le darán un paracaídas?
Fuente | L’Absurd Diari
Escribe un comentario
Debes iniciar sesión para escribir un comentario.


