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Cuidado con los desodorantes Inteligencia tierna
Dic 17

Me lo contó un profesor de secundaria. Ocurrió en un aula de segundo de ESO. El profesor, después de intentar explicar en vano a sus alumnos los conceptos y las relaciones de espacio y tiempo, decidió recurrir a una simulación. Para ello indicó a dos alumnos, Juan y Antonio, que se colocasen respectivamente en la parte delantera y en la parte trasera del aula. Ambos deberían moverse en sentidos opuestos, uno al encuentro del otro. Juan debía hacerlo a paso normal, sin apresurarse. Antonio tendría que moverse más lentamente, a la pata coja.

El profesor indicó a los alumnos que se moviesen, uno al encuentro del otro, hasta que los dos estuviesen a la misma altura. En ese instante los alumnos se pararon. El profesor preguntó a toda la clase: ¿Quién invirtió más tiempo?. La respuesta unánime fue, ante la sorpresa del enseñante: Antonio. (¡Claro!, como iba más lento).

Al ver el fracaso de su experiencia, el profesor introdujo un elemento más: un cronómetro. Le dió el aparato a Felipe, y le dijo: Cuando Juan y Antonio empiecen su caminar pon el cronómetro en marcha y cuando se encuentren los dos páralo.

El profesor volvió a colocar a Juan y a Antonio en su lugar de salida. Le indicó a Felipe que estuviese atento para poner el cronómetro en marcha. Y dió la salida. Cuando los dos se encontraron en su viaje de caminos opuestos, le preguntó a Felipe: ¿Cuánto tiempo tardó Antonio?.

- Cincuenta y dos segundos - respondió Felipe.

- ¿Y Juan? - interrogó el profesor.

- Como lo voy a saber si sólo tengo un cronómetro - respondió todo lleno de razón Felipe.

NOTA: Puedo afirmar que, después de lo ocurrido, el profesor no se suicidó. Seguirá intentando transmitir sus conocimientos a sus alumnos,a pesar de los pesares…

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